12. Mi paz os doy

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Hallar paz

Cuando hacemos frente a las consecuencias de las malas decisiones de nuestros seres queridos, es posible que nos quejemos o nos amarguemos. A veces nos hacemos preguntas tales como: “¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?” “¿Por qué tengo que sufrir esto ahora?” o “¿Qué he hecho para merecer esto?”. Aun cuando esas preguntas pudieran dominar inicialmente nuestros pensamientos y absorber nuestra energía, podemos decidir responder de una manera diferente a nuestras circunstancias. Podríamos preguntarnos: “¿Qué desea el Señor que aprenda de esto?” “¿Qué desea que haga? ¿A quién puedo prestar servicio?” y “¿Qué puedo hacer para recordar mis bendiciones?”. Nuestro Padre Celestial nos ama y desea que nos libremos de las consecuencias de las malas decisiones de nuestros seres queridos. Es importante recordar que Él no nos dio esas pruebas, sino que son el resultado de esas malas decisiones. Sin embargo, el Padre Celestial puede valerse de nuestras pruebas para ayudarnos a crecer, progresar y llegar a ser más como Él (véase D. y C. 122).

A medida que ejercitemos la fe, podremos sentir la influencia purificadora y la paz de Su Espíritu, y Él nos dará “gloria en lugar de ceniza” (Isaías 61:3).

Al clamarle al Señor, Él nos bendecirá y consolará de maneras significativas. Si bien no siempre recibimos exactamente lo que pedimos, el Señor nos sigue bendiciendo. Al pueblo de Alma no se le libró inmediatamente del cautiverio, pero “el Señor los fortaleció de modo que pudieron soportar sus cargas” (Mosíah 24:15). Con la ayuda del Señor, podemos hallar paz.

  • ¿Qué hará para hallar paz?

  • ¿De qué manera ha hallado paz proveniente del Padre Celestial y del Salvador?

Perdonar

El proceso del perdón incluye el liberarse de cargas que impiden que sintamos la paz del Salvador. El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “El espíritu de perdón y la predisposición para amar y para tener compasión hacia aquellos que nos hieran constituyen la esencia misma del evangelio de Jesucristo” (“A vosotros os es requerido perdonar”, Liahona, noviembre de 1991, pág. 3). A medida que perdonemos a los demás, hallaremos la sanación. El presidente James E. Faust enseñó: “… requiere humildad, pero si nos arrodillamos y pedimos al Padre Celestial sentimientos de perdón, Él nos ayudará. El Señor nos requiere ‘perdonar a todos los hombres’ [D. y C. 64:10] por nuestro propio bien, ya que ‘el odio retrasa el crecimiento espiritual’ [Orson F. Whitney, Gospel Themes, 1914, pág. 144]. Solamente al deshacernos del odio y de la amargura puede el Señor dar consuelo a nuestro corazón” (“El poder sanador del perdón”, Liahona, mayo de 2007, pág. 69).

Perdonar no quiere decir que condonemos las malas decisiones de nuestros seres queridos, ni que permitamos que nos maltraten, pero el perdón sí nos permite seguir adelante espiritual, emocional y físicamente. Tal como nuestros seres queridos están esclavizados, nuestra falta de disposición para perdonar nos puede mantener cautivos. Cuando perdonamos, dejamos atrás sentimientos que, en las palabras del presidente Thomas S. Monson, tienen el poder de convertirse “en una llaga que se [infecta] y que al final [destruye]” (“Cuñas escondidas”, Liahona, julio de 2002, pág. 21). De esa manera, eliminamos las barreras que impiden que tengamos el Espíritu en mayor abundancia y podemos seguir por el camino del discipulado. Tal como el presidente Dieter F. Uchtdorf nos recuerda: “…el cielo está lleno de aquellos que tienen esto en común: Han sido perdonados y perdonan” (“Los misericordiosos alcanzan misericordia”, Liahona, mayo de 2012, pág. 77). 

  • ¿De qué manera le ha bendecido el perdón?

Procurar la ayuda de Dios para perdonar

Cuando el perdón parece estar más allá de nuestra capacidad, podemos depender del Salvador para que ayude a cambiarnos el corazón y nos conceda el don de la caridad. El perdonar a alguien cuando se nos ha hecho daño o lastimado puede ser muy difícil, especialmente cuando esas ofensas se repiten con regularidad, pero eso es parte de lo que significa ser discípulo de Cristo. El presidente Uchtdorf enseñó: 

“Jesús dijo que es fácil amar a los que nos aman; incluso los malos pueden hacerlo, pero Jesucristo enseñó una ley superior… ‘Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen’…

“El amor puro de Cristo elimina las escamas del resentimiento y la ira de nuestros ojos, dejándonos ver a los demás en la forma en que nuestro Padre Celestial nos ve” (“Los misericordiosos alcanzan misericordia”, pág. 76). 

Es posible que tengamos que ser pacientes con nosotros mismos conforme nos esforzamos por perdonar a nuestros seres queridos. El presidente Faust dijo:

“La mayoría de nosotros necesita tiempo para curar las heridas del dolor y de la pérdida. Podemos encontrar todo tipo de excusas para posponer el perdón, una de las cuales es esperar a que el malhechor se arrepienta antes de perdonarlo; pero tal demora causa que perdamos la paz y felicidad que podrían ser nuestras. La insensatez de continuamente pensar en las heridas del pasado no trae felicidad…

“Si somos capaces de perdonar a aquellos que nos han causado dolor y daño, nos elevaremos a un nivel mayor de autoestima y de bienestar” (“El poder sanador del perdón”, pág. 68). Si confiamos en el Señor y procuramos Su ayuda, nos puede ayudar a perdonar, incluso como Él lo hace.

  • ¿En qué ocasión le ha ayudado Dios a perdonar?

  • ¿De qué manera puede Dios ayudarle a perdonar

Estudio del Evangelio

Conforme estudie los recursos que se enumeran a continuación, reflexione con espíritu de oración sobre cómo puede aplicar los principios que enseñan. 

Mateo 18:21–35 (Debemos perdonar a los demás porque el Señor nos perdona a nosotros liberalmente).

Lucas 7:36–50 (Podemos sentir el amor del Salvador cuando somos perdonados).

Alma 5:12–14 (El Señor puede hacer que se produzca un potente cambio en nuestro corazón).

Doctrina y Convenios 45:3–5 (Gracias al sacrificio expiatorio de Cristo, podemos ser perdonados).

Doctrina y Convenios 64:10 (Se nos requiere perdonar a todos).

James E. Faust, “El poder sanador del perdón”, Liahona, mayo de 2007, págs. 67–69.

Yoshihiko Kikuchi, “El arte del Sanador”, Liahona, marzo de 2011, págs. 18–23.

Richard G. Scott, “Cómo sanar las trágicas heridas del abuso”, Liahona, julio de 1992, págs. 36–38.

Dieter F. Uchtdorf, “Los misericordiosos alcanzan misericordia”, Liahona, mayo de 2012, págs. 70, 75–77.

Videos: “El perdón aligeró mi carga”.

Aprendizaje y aplicación personal

Las siguientes actividades tienen como objetivo mejorar el aprendizaje y la aplicación de estos principios. Lleve un diario que incluya sus pensamientos, sentimientos y perspectivas, así como sus planes para implementar lo que aprenda. Conforme vayan cambiando las necesidades y las circunstancias de su vida, el repetir estas actividades le brindará nuevas perspectivas.

  • Estudie y medite el discurso del presidente Dieter F. Uchtdorf, “Los misericordiosos alcanzan misericordia”, y busque principios en cuanto al perdón. ¿Qué aprendió? ¿Cómo puede ayudarle el Señor a perdonar a su ser querido? ¿Qué impresiones siente que está recibiendo de lo que debe hacer?

  • Vea el video: “El perdón aligeró mi carga”. ¿Qué aprendió en cuanto al perdón? ¿En qué forma será el perdón una bendición para usted? ¿En qué forma puede ser el perdón una bendición para su ser querido?

  • Responda a las siguientes preguntas: “¿Por qué resulta difícil, en ocasiones, perdonar? ¿Cómo podemos vencer esos obstáculos?”. Busque otros puntos de vista relacionados con estas preguntas en el discurso del élder Yoshihiko Kikuchi, “El arte del Sanador”. Reflexione sobre la forma en que el Señor ayudó a otras personas a perdonar y la forma en que también le puede ayudar a usted. Anote sus ideas en un diario. 

  • Vea “Venga lo que venga, disfrútalo”. ¿Qué aprende que se aplique a su situación actual? ¿Cómo puede sobrellevarlo bien? ¿Cuál es el propósito de la adversidad? ¿Cómo puede usted hallar paz en medio de la aflicción?

  • Estudie el discurso del élder Richard G. Scott “Cómo sanar las trágicas heridas del abuso”, y medite sobre esta cita: “Durante el largo período de recuperación de una cirugía seria, el enfermo espera la curación con paciencia, confiando en los cuidados de otros. No siempre entiende la importancia del tratamiento prescrito, pero el seguirlo al pie de la letra acelera su recuperación. Así es también para ti… No puedes borrar lo pasado, pero puedes perdonar (véase D. y C. 64:10). El perdón sana las heridas más trágicas y terribles, porque permite que el amor de Dios expurgue de tu corazón y tu mente el veneno del odio; también te limpia la conciencia del deseo de venganza y da lugar al amor sanador, renovador y purificador del Señor” (“Cómo sanar las trágicas heridas del abuso”, Liahona, julio de 1992, pág. 37). ¿Qué aprende en cuanto al perdón de las palabras del élder Scott? ¿De qué manera se relaciona con su propia capacidad de perdonar a su ser querido?

  • Considere los principios que se encuentran en los siguientes himnos y canciones: “¿Dónde hallo el solaz?”(Himnos, nro. 69); “Padre en los cielos” (Himnos, nro. 82); “As the Shadows Fall” (Hymns, nro. 168); “Paz, cálmense”, (Himnos, nro. 54); “¿Pensaste orar?”(Himnos, nro. 81); “Saber perdonar” (Canciones para los niños, pág. 52).

Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación

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