1. Dios nos consolará en nuestras aflicciones

“Confiad en Dios con mentes firmes, y orad a él con suma fe, y él os consolará en vuestras aflicciones” (Jacob 3:1).

Recibir la ayuda de Dios en cualquier situación difícil

Las conductas dañinas (por ejemplo, ver pornografía) y el consumo de sustancias perjudiciales no solo hacen daño a nuestros seres queridos, sino también a nosotros. Los siguientes son algunos de los sentimientos que experimentan muchos cónyuges, familiares o amigos que tienen seres queridos atrapados:

—Temor a que nuestros seres queridos no mejoren nunca.

—Temor a la posibilidad de que nuestros seres queridos fallezcan tanto física como espiritualmente.

—Temor al daño que nuestros seres queridos podrían hacerle a otras personas cercanas, especialmente a los niños.

—Agotamiento físico causado por la falta de sueño, el estrés y la ansiedad.

—Confusión acerca de por qué nuestros seres queridos se comportan de manera tan irracional y por qué nada de lo que decimos o hacemos parece suponer diferencia alguna.

—Pérdida de confianza en nuestros seres queridos como consecuencia de sus mentiras, engaños y manipulación.

—Vergüenza y desesperanza al asumir, erróneamente, las responsabilidades por las decisiones de nuestros seres queridos.

—Ira porque nuestros seres queridos nos han traicionado y nos han hecho daño.

—Soledad y aislamiento al tratar de mantener en secreto las decisiones de nuestros seres queridos en nuestro afán por proteger a otras personas.

—Temor a que los convenios del bautismo y del templo se quebranten de manera irreparable y a que se corten los lazos de la familia eterna.

—Dolor causado por la infidelidad física o virtual del cónyuge,

—Amargura provocada por los problemas económicos fruto del gasto excesivo, los programas de tratamiento, los gastos legales, las multas o la destrucción de propiedades.

—Temor a que de algún modo las malas decisiones de nuestros seres queridos reflejen nuestra falta de fe o incapacidad para tener acceso a la ayuda de Dios a favor de ellos.

—Temor a las consecuencias de la posible encarcelación de nuestros seres queridos o a otras cuestiones legales.

Cada una de estas es una preocupación válida, y con fe y el apoyo de otras personas, es posible solucionarlas con tiempo y cuidado. Dios puede ayudarnos en cualquier situación difícil, si le dejamos hacerlo.

  • ¿Cómo le han afectado las malas decisiones de su ser querido?

  • De los sentimientos indicados anteriormente, ¿cuáles ha tenido usted? ¿Ha experimentado otros sentimientos como resultado de las malas decisiones de su ser querido?

Entender que Dios es consciente de nuestra situación

Tal vez haya momentos en los que nos preguntemos si Dios sabe lo que estamos viviendo mientras nuestros seres queridos pasan por dificultades. Al volver el corazón y la mente a Dios, podemos percibir Su presencia y Su guía. El élder Kevin W. Pearson, de los Setenta, dijo: “Él tiene un amor perfecto por cada uno de nosotros y está lleno de misericordia y comprensión. Él lo sabe todo acerca de nosotros; sabe lo que necesitamos, incluso cuando nosotros solo vemos aquello que deseamos. Tiene un poder y una capacidad infinitos para sostenernos y guiarnos. Siempre está dispuesto a perdonarnos y a ayudarnos en todas las cosas” (“Cómo mejorar sus oraciones personales”, Liahona, junio de 2013, págs. 38–39). El presidente Thomas S. Monson enseñó: “De nuevo, hermanos y hermanas, nuestro Padre Celestial está al tanto de nuestras necesidades y nos auxiliará cuando pidamos Su ayuda. Yo pienso que ningún asunto nuestro es demasiado pequeño o insignificante. El Señor está en los detalles de nuestra vida” (véase “Consideren las bendiciones”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 88).

  • ¿Qué evidencias tiene de que Dios le conoce? ¿Cómo cree que ese conocimiento fortalecerá su fe y le dará valor?

  • ¿Qué haría si llegara a sentir que Dios le ignora y que ya no le importa su situación?

Saber que Dios no nos abandonará jamás

Podemos sentir, erróneamente, que tenemos que ser perfectos para merecer la ayuda de Dios. A pesar de nuestros esfuerzos, tal vez haya ocasiones en las que nos sintamos solos y que Dios no atiende nuestras súplicas. Sin embargo, Él nos bendice aun cuando la situación pueda parecer desesperada. El Señor ha prometido que no nos abandonará jamás. “Mas he aquí, Sion ha dicho: El Señor me abandonó, y de mí se ha olvidado mi Señor; pero él mostrará que no. Porque, ¿puede una mujer olvidar a su niño de pecho al grado de no compadecerse del hijo de sus entrañas? ¡Pues aun cuando ella se olvidare, yo nunca me olvidaré de ti, oh casa de Israel! Pues he aquí, te tengo grabada en las palmas de mis manos; tus muros están siempre delante de mí” (1 Nefi 21:14–16). Podemos orar para que la ayuda de Dios sea una fuerza estabilizadora en nuestra familia. Podemos incrementar la presencia del Espíritu en nuestra vida al orar, estudiar las Escrituras, ayunar, asistir al templo y esperar pacientemente en el Señor (véase Isaías 40:31). Al hacerlo, Su gracia nos asistirá, tendremos la certeza de que nunca nos abandonará y se fortalecerá nuestra fe en Él.

  • ¿Cuándo ha sentido la presencia de Dios en su vida?

Saber que Dios nos apoya en nuestras aflicciones

El Señor siempre nos brinda consuelo, guía y fortaleza, aun cuando no nos demos cuenta. Esas sutiles y tiernas evidencias del amor y el apoyo de Dios adoptan distintas formas; por ejemplo, podrían presentarse por medio de las manos serviciales de otras personas (véase el principio 6, “Tus amigos te sostienen”) o durante lecciones, discursos o himnos que nos hablan directamente. En otras ocasiones, una idea o una impresión puede ayudarnos a lograr mayor entendimiento y dirección, y sentir más amor. También conviene recordar las innumerables veces que el Señor nos ha bendecido y guiado en el pasado. El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “Cristo, Sus ángeles y Sus Profetas se esfuerzan siempre por elevar nuestro espíritu, calmar nuestros nervios y nuestro corazón, para que vayamos hacia adelante con renovada fortaleza y firmes esperanzas” (“Las cosas apacibles del reino”, Liahona, enero de 1997, pág. 94). Al seguir adelante con fe, dando un paso después de otro, reconocemos al Señor como la fuente de nuestro sostén. Reconocemos que nuestro amoroso Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo, nos apoyan cuando tenemos necesidad.

  • ¿Cómo le ha apoyado nuestro Padre Celestial durante sus pruebas?

  • ¿Qué diría para ayudar a alguien que siente que nuestro Padre Celestial no le está apoyando?

Estudio del Evangelio

Conforme estudie los recursos que se enumeran a continuación, reflexione con espíritu de oración sobre cómo puede aplicar los principios que enseñan.

2 Nefi 2:2 (El Señor consagrará nuestras aflicciones para nuestro provecho).

2 Nefi 4:17–35, Alma 36:3 (Dios nos apoya durante nuestras pruebas).

M. Russell Ballard, “Oh ese sutil plan del maligno”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 108–110.

Henry B. Eyring, “¿Dónde está el pabellón?”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 72–75.

Jeffrey R. Holland, “Nadie estuvo con Él”, Liahona, mayo de 2009, págs. 86–88.

Thomas S. Monson, “Nunca caminamos solos”, Liahona, noviembre de 2013, págs. 121–124.

Dieter F. Uchtdorf, “El amor de Dios”, Liahona, noviembre de 2009, págs. 21–24.

 

Aprendizaje y aplicación personales

Las siguientes actividades tienen como objetivo mejorar el aprendizaje y la aplicación de esos principios. Lleve un diario que incluya sus pensamientos, sentimientos y perspectivas, así como sus planes para implementar lo que aprenda. Conforme vayan cambiando las necesidades y las circunstancias de su vida, el repetir estas actividades le brindará nuevas perspectivas.

  • Estudie el discurso del élder M. Russell Ballard titulado “¡Oh ese sutil plan del maligno!”, (Liahona, noviembre de 2010, págs. 108–110). ¿Qué aprendió? ¿Cómo le ha afectado la conducta compulsiva de su ser querido? ¿Qué se siente inclinado a hacer? Hable de su situación con alguien de su confianza. Procure consejo de esa persona y trace un plan para actuar basándose en lo que aprendió.

  • Lea y medite el discurso del presidente Thomas S. Monson titulado “Nunca caminamos solos” (Liahona, noviembre de 2013, págs. 121–124). ¿Qué aprendieron? ¿Qué evidencias tiene de que Dios es consciente de Sus dificultades y de que le está apoyando? Haga una lista con las evidencias que haya recibido en cuanto a que Dios le conoce. ¿De qué manera fortalecen su fe esas evidencias? ¿Cómo puede reconocer mejor Su ayuda?

  • Estudie y medite el discurso del presidente Henry B. Eyring titulado “¿Dónde está el pabellón?”, (Liahona, noviembre de 2012, págs. 72–75), o el discurso del élder Jeffrey R. Holland titulado “Nadie estuvo con Él” (Liahona, mayo de 2009, págs. 86–88). ¿Qué certezas tiene de que Dios es consciente de usted y de aquello por lo que está pasando? ¿Qué hará para acercarse más a Dios y procurar saber que Él le conoce y se preocupa por usted?

  • Estudie los pasajes de las Escrituras de esta reseña y medite al respecto: ¿Qué aprendieron? ¿Qué otros pasajes agregaría a la reseña? ¿Cómo le ha apoyado Dios en el pasado? ¿Cómo le está apoyando ahora? ¿Qué puede hacer para sentir mejor Su amor y apoyo?

  • Considere los principios, las promesas y la paz que se encuentran en los himnos siguientes: “Baluarte firme es nuestro Dios” (Himnos, nro. 32); “Acompáñame”(Himnos, nro. 99); “As Now We Take the Sacrament” (Hymns, nro. 169); “Come, Ye Disconsolate” (Hymns, nro. 115); “Señor, te necesito” (Himnos, nro. 49); “Guíame, oh Salvador” (Himnos, nro. 51); “Oh, May My Soul Commune with Thee” (Hymns, nro. 123); “El amor del Salvador” (Himnos, nro. 57); “Precious Savior, Dear Redeemer” (Hymns, nro. 103); “Jehová mi Pastor es” (Himnos, nro. 56). 

Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación

Cónyuges y familias

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