2. Sacudíos las cadenas con las cuales estáis sujetos

“Despertad… ceñíos con la armadura de la rectitud. Sacudíos las cadenas con las cuales estáis sujetos, y salid de la obscuridad, y levantaos del polvo” (2 Nefi 1:23).

Darnos cuenta de que no tenemos la culpa de las adicciones de nuestros seres queridos

Al tratar de entender nuestra difícil situación, con frecuencia nos preguntamos por qué nuestros seres queridos empezaron a ir por mal camino. Incluso podemos sentirnos algo responsables. Como padres, es posible que nos preocupe qué podríamos haber hecho de otra manera. Como cónyuges, tal vez nos preguntemos si no estuvimos a la altura de las necesidades de nuestro esposo o esposa, y nos hagamos preguntas tales como: “¿No soy lo bastante bueno?” y “¿Qué más podría haber hecho?”. Cuando las cosas no salen bien nos vemos tentados a echarnos la culpa. Esta manera de pensar podría inducirnos erróneamente a sentirnos culpables por las decisiones de otras personas, lo cual resulta en una culpa y una desesperación inmerecidas. 

El principio del albedrío —la capacidad y el privilegio de tomar nuestras propias decisiones— es un elemento esencial del plan de nuestro Padre Celestial. A medida que estudiemos y entendamos este principio, el Espíritu nos dará testimonio de que nosotros no somos la causa de las malas decisiones de nuestros seres queridos. El élder Richard G. Scott dijo: “Si estás libre de pecados graves, no sufras innecesariamente por las consecuencias de los pecados de otros. Como esposa, esposo, padre o ser querido, puedes sentir compasión por alguien que esté en la hiel de la amargura a causa del pecado. Sin embargo, no debes tomar sobre ti la responsabilidad de esos actos” (“Para quedar libre de las pesadas cargas”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 88). Nuestros seres queridos son responsables de las decisiones que toman. Si bien la razón exacta de sus decisiones puede ser compleja, nosotros no somos responsables de esas decisiones. Este es un buen recordatorio: “… quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres” (Helamán 14:30; cursiva agregada). Es probable que nuestros seres queridos tomen malas decisiones. Parte de su proceso de recuperarse y sanar consiste en cometer errores y aceptar toda la responsabilidad por sus decisiones. No debemos medir nuestro éxito y felicidad en la vida por la manera en que otras personas deciden ejercer su albedrío. Nosotros somos responsables únicamente de nuestras propias decisiones y actos.

  • ¿Alguna vez se ha sentido responsable por las malas decisiones de un ser querido? En tal caso, ¿cómo le afectó?

  • ¿Qué le ayudó a reconocer que usted no es responsable de las decisiones de su ser querido?

Entender que somos hijos de Dios

Las decisiones de nuestros seres queridos pueden influir en cómo nos vemos y en cómo percibimos la vida. Puede que empecemos a definirnos según sea nuestra experiencia con las decisiones de nuestros seres queridos, ya que esas decisiones, a veces, parecen abarcarlo todo. Es importante que recordemos quiénes somos y por qué estamos en la tierra. Dios no es solo nuestro Gobernante y Creador, también es nuestro Padre Celestial. Todo hombre y mujer es, literalmente, hijo e hija de Dios. Podemos confiar en la sencilla verdad de que Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos. Comprender esta relación nos brinda paz y confianza para seguir adelante, no a causa de nuestras propias habilidades, sino gracias a Su bondad e incomparable poder, y a los de Su Hijo Jesucristo. No importa por lo que estemos pasando: podemos centrarnos en la estabilidad eterna de Su amor por nosotros. Ahí es donde comienza nuestro proceso de sanación. En el fragor de nuestras pruebas, si volvemos el corazón a nuestro Padre Celestial, Su amor y el poder sanador de Su Hijo, por medio de la Expiación, pueden ayudarnos a lograr valor y esperanza.

  • ¿Cómo le ayuda el conocimiento de que usted es un hijo de Dios?

  • ¿Cómo fortalecerá su relación con Dios mediante la oración, el estudio de las Escrituras, la meditación, el ayuno y la obediencia a Sus mandamientos?

Admitir que somos libres de actuar por nosotros mismos

Tal vez nos sintamos indefensos porque tenemos escaso control sobre lo que nuestros seres queridos deciden hacer o sobre las consecuencias de esas decisiones. Pero el Evangelio nos enseña que somos “libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo” (2 Nefi 2:27). Podemos utilizar el albedrío para mejorar nuestra situación y tomar decisiones correctas independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias. El élder David A. Bednar aconsejó: “A medida que ustedes y yo lleguemos a comprender y a emplear el poder habilitador de la Expiación en nuestra vida, oraremos para tener fuerza y la buscaremos a fin de cambiar nuestras circunstancias en lugar de pedir que nuestras circunstancias cambien. Llegaremos a convertirnos en agentes que actúan, en vez de ser objetos sobre los que se actúe (véase 2 Nefi 2:14)” (“La Expiación y la travesía de la vida mortal”, Liahona, abril de 2012, pág. 16). 

  • ¿De qué manera utilizará el albedrío para actuar y mejorar su situación?

  • ¿Cómo se aplica el segundo artículo de fe a su situación?

Estudio del Evangelio

Conforme estudie los recursos que se enumeran a continuación, reflexione con espíritu de oración sobre cómo puede aplicar los principios que enseñan. 

Salmos 82:6 (Somos dioses, hijos del Altísimo).

Hechos 17:29 (Somos linaje de Dios).

2 Nefi 2:14–16 (Se nos da la capacidad de escoger).

Moroni 7:15–16 (La luz de Cristo nos permite discernir entre el bien y el mal).

Doctrina y Convenios 101:78 (Somos responsables de nuestros actos).

Moisés 7:32 (Dios nos dio el albedrío).

Artículos de Fe 1:2 (Somos responsables de nuestra propia vida y de la de nadie más).

La Familia: Una Proclamación para el Mundo”.

David A. Bednar, “La Expiación y la travesía de la vida mortal”, Liahona, abril de 2012, págs. 12–19.

D. Todd Christofferson, “La disciplina moral”, Liahona, noviembre de 2009, págs. 105–108.

Robert D. Hales, “El albedrío: Esencial para el plan de la vida”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 24–27. 

Video: “Libres para…”.

Aprendizaje y aplicación personal

Las siguientes actividades tienen como objetivo mejorar el aprendizaje y la aplicación de estos principios. Lleve un diario que incluya sus pensamientos, sentimientos y perspectivas, así como sus planes para implementar lo que aprenda. Conforme vayan cambiando las necesidades y las circunstancias de su vida, el repetir estas actividades le brindará nuevas perspectivas.

  • Vea el video “Libres para…” y escriba en su diario lo que aprenda. ¿Para qué somos libres? ¿Para qué no somos libres? ¿De qué manera el poner en práctica el principio del albedrío le habilita para encontrar paz y recibir ayuda del Salvador?

  • Estudie los pasajes de las Escrituras que se mencionan en esta reseña de la lección y medite al respecto. Escriba en su diario lo que aprenda acerca del albedrío. ¿Qué pasajes le parecieron más significativos? ¿Por qué? ¿Cómo puede ayudarle lo que aprendió?

  • Reflexione sobre la cita siguiente del élder Robert D. Hales: “En estos últimos días, como sucedió en la antigüedad, debemos evitar que se actúe sobre nosotros al actuar por nosotros mismos y evitar el mal” (“Para actuar por nosotros mismos: El don y las bendiciones del albedrío”, Liahona, mayo de 2006, pág. 6). (Véase 2 Nefi 2:14).

  • ¿Cómo se siente acerca de ser un agente que actúa en vez de un objeto sobre el que se actúa? Escriba cómo puede aplicar el consejo del élder Hales para actuar por sí mismo a fin de hallar más paz y sanar. 

  • Lea y medite el discurso del élder D. Todd Christofferson titulado “La disciplina moral” y busque aquellos principios del albedrío que podría aplicar a su vida. ¿Qué reflexiones podría compartir con un amigo que se encuentre en una situación parecida a la suya? Anote sus ideas en su diario.

  • Considere los principios que se hallan en los himnos siguientes: “Know This, That Every Soul Is Free” (Hymns, nro. 240); “Hazme andar en la luz” (Himnos, nro. 198).

 

Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación

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