3. Tomará sobre Sí los dolores y las enfermedades de Su pueblo

“Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo… y sus enfermedades tomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos” (Alma 7:11–12).

Darse cuenta de que ninguna bendición será denegada

Queremos tener familias eternas, pero las decisiones de nuestros seres queridos pueden amenazar esas esperanzas. Temer la pérdida de nuestra familia eterna podría hacernos experimentar sentimientos significativos de pesar; podríamos sumirnos en una crisis de fe y vernos tentados a perder toda esperanza en el plan de nuestro Padre Celestial. Muchos nos sentimos aferrados a Dios, dependientes de Él movidos por un hábito, un acto reflejo o la desesperación. Puede resultar difícil seguir adelante a través del dolor de las promesas rotas y los sueños amenazados. La decisión que encaramos se resume en si tendremos o no fe en Dios aun cuando no veamos cómo va a cumplir Sus promesas. El élder Dallin H. Oaks dijo:

“No podemos controlar a los demás ni ser responsables de sus decisiones, aun cuando tengan un efecto tan doloroso en nosotros. Estoy seguro de que el Señor ama y bendice a los esposos y las esposas que, con amor, procuran ayudar al cónyuge que está luchando con problemas tan profundos como lo son la pornografía u otros comportamientos adictivos, o con consecuencias de abuso infantil a largo plazo.

“Sea cual fuere el resultado, e independientemente de cuán difíciles sean sus experiencias, ustedes tienen la promesa de que no se les negará la bendición de una relación familiar eterna si aman al Señor, guardan Sus mandamientos y simplemente hacen todo lo que esté a su alcance” (véase “El divorcio”, Liahona, mayo de 2007, pág. 73).

  • ¿De qué manera se han visto afectados sus sueños y expectativas por las decisiones de un ser querido?

  • ¿Por qué es necesario que crea en las promesas del Padre Celestial y de Jesucristo y no solo que crea en Ellos?

Permitir a Jesucristo que sane nuestros dolores y pesares más recónditos

Si lo permitimos, el dolor y el pesar resultantes de las decisiones de nuestros seres queridos pueden conducirnos al Salvador. La Expiación no sirve únicamente para superar la muerte y el pecado, sino que también sana nuestro dolor, pesar y cualquier otra aflicción. El élder C. Scott Grow dijo: “Mediante Su expiación, Jesús no solo sana al transgresor, sino también al inocente que sufre debido a tales transgresiones” (“El milagro de la Expiación”, Liahona, mayo de 2011, pág. 109). El Espíritu nos ayudará a comprender que Cristo conoce nuestro dolor porque Él tomó sobre Sí, literalmente, nuestros dolores y enfermedades (véase Alma 7:11). Mediante el poder habilitador de Jesucristo podemos hallar esperanza en que seremos sanados y tendremos apoyo durante las pruebas, sin importar cuáles sean las decisiones ni los actos de nuestros seres queridos. El élder Dallin H. Oaks dijo: “El poder sanador del Señor Jesucristo, ya sea que quite nuestras cargas o nos fortalezca a fin de perseverar y vivir con ellas como lo hizo el apóstol Pablo, está a nuestro alcance para toda aflicción de la vida terrenal” (“Él sana a los que están cargados”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 8). La verdadera sanación no se completa mientras no nos volvamos al Salvador.

  • ¿Cuándo ha sentido paz y esperanza gracias al Salvador a pesar de las cargas pesadas?

  • ¿Qué podría impedirle venir a Cristo y ejercer fe en Él a fin de que Él le sane?

Entregar nuestras cargas al Señor

Al venir a Cristo con fe y confiar en Él para llevar nuestras cargas pesadas experimentaremos Su poder sanador. El élder Richard G. Scott aconsejó: “Muchos de ustedes sufren sin ninguna necesidad al llevar pesadas cargas porque no abren el corazón al poder sanador del Señor… [Depositen] la carga a los pies del Salvador” (véase “Para quedar libre de las pesadas cargas”, Liahona, noviembre de 2002, págs. 86, 88). El Señor ansía bendecirnos; hallaremos gran fortaleza al entregarle nuestras cargas, “confiando íntegramente en los méritos de aquel que es poderoso para salvar” (2 Nefi 31:19). Lamentablemente, todavía padeceremos las consecuencias de las malas decisiones de nuestros seres queridos. Aun así, podemos recibir Su paz, esa paz “que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7), a pesar de nuestras circunstancias.

Al esforzarnos por venir a Cristo y ejercer fe en Él, Él nos fortalecerá más allá de nuestra capacidad. Jesús dijo: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20). Cuando recordamos que el Salvador está dispuesto a ayudarnos, nuestra fe sencilla crece y aumenta. El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “La cantidad de fe que tengan o el grado de conocimiento que posean no es lo que importa; es la integridad que demuestren hacia la fe que ya tienen y hacia la verdad que ya conocen” (“Creo”, Liahona, mayo de 2013, pág. 94).

  • ¿Qué cree que significa depositar sus cargas a los pies del Salvador?

  • ¿Qué cargas depositará a Sus pies? 

Entender que el cambio requiere tiempo

Puede que nos impaciente que se produzca el cambio, ya que ansiamos que cese el dolor. Aun cuando hagamos todo lo posible por procurar sanar y reconozcamos que el Señor nos está ayudando, debemos admitir que el proceso de sanar y recuperarse requiere de tiempo. Si bien seguimos teniendo esperanza en que los cambios se produzcan en el futuro inmediato, también es verdad que debemos estar dispuestos a aceptar que algunos cambios pueden demorarse toda la vida o más. El élder Dallin H. Oaks declaró: “No todos los problemas se solucionan ni todas las relaciones necesarias se arreglan en la vida terrenal. La obra de salvación se extiende más allá del velo de la muerte, por lo que no debe preocuparnos demasiado cuán incompleta sea nuestra actuación dentro de los límites de la vida terrenal” (véase “Conceptos excelentes”, Liahona, enero de 1996, pág. 29). Nuestros seres queridos podrían decidir no cambiar, podrían tener dificultades para hallar la motivación para cambiar, podrían tener una recaída o podrían seguir siendo tentados. Si bien necesitamos concederles tiempo y espacio para arrepentirse, no debemos tolerar ningún tipo de conducta abusiva (véase el principio 8, “Sea firme e inmutable”, la sección titulada “Admitir que no es preciso tolerar la conducta abusiva de nuestros seres queridos”). Tenemos la oportunidad de orar y ejercer esperanza de manera activa a favor de nuestros seres queridos, de apoyarlos en su progreso y de acudir al Salvador y procurar sanar.

  • ¿Cómo puede desarrollar y demostrar fe ante la adversidad?

  • ¿De qué manera puede la fe ayudarle a sanar aun cuando su ser querido no logre seguir adelante con su recuperación?

Estudio del Evangelio

Conforme estudie los recursos que se enumeran a continuación, reflexione con espíritu de oración sobre cómo puede aplicar los principios que enseñan. 

Isaías 49:13–16 (El Salvador no nos desamparará).

Hebreos 4:14–16 (Podemos recibir ayuda en tiempos de necesidad mediante la gracia y la misericordia del Salvador).

2 Nefi 9:21, Alma 7:11–13 (El Salvador tomó sobre Sí nuestros dolores y aflicciones).

3 Nefi 9:13–14 (Cristo nos sana cuando acudimos a Él).

3 Nefi 17:5–20 (Cristo desea o nos ofrece sanarnos).

C. Scott Grow, “El milagro de la Expiación”, Liahona, mayo de 2011, págs. 108–110.

Kent F. Richards, “La Expiación sana todo dolor”, Liahona, mayo de 2011, págs. 15–17.

Capítulo 5, “Cómo aceptar la expiación de Jesucristo”, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, págs. 39–44.

Videos: “El Señor aligera nuestras cargas” y “Mi gozo es completo”.

Aprendizaje y aplicación personal

Las siguientes actividades tienen como objetivo mejorar el aprendizaje y la aplicación de estos principios. Lleve un diario que incluya sus pensamientos, sentimientos y perspectivas, así como sus planes para implementar lo que aprenda. Conforme vayan cambiando las necesidades y las circunstancias de su vida, el repetir estas actividades le brindará nuevas perspectivas.

  • Estudie pasajes de las Escrituras acerca de Jesucristo y Su expiación y medite al respecto. ¿Qué le enseñan estos pasajes sobre el poder del Salvador? ¿Por qué le resultan significativos esos pasajes? ¿Cómo puede fortalecerle el Salvador aun cuando su ser querido prosiga con su adicción? Considere compartir estos pasajes y sus pensamientos con otra persona y analice cómo le ha fortalecido el Salvador.

  • Consulte el Libro de obras de arte del Evangelio y busque imágenes relacionadas con recibir paz y sanación por medio del Salvador. Por ejemplo, Jesús calma la tempestad podría representar la manera en que Cristo brinda paz y consuelo a nuestra vida cuando hacemos frente a nuestras propias tempestades. Estudie los pasajes de las Escrituras relacionados con las imágenes (las referencias aparecen debajo del título de la imagen cuando se consulta en línea, ) y medite sobre qué aprende y siente acerca de la Expiación.

  • Estudie el discurso del élder Kent F. Richards titulado “La Expiación sana todo dolor” y medite al respecto, o vea el video “El Señor aligera nuestras cargas”. ¿Qué aprende en cuanto a la Expiación? ¿Qué es lo que más le llama la atención? ¿Qué impresiones recibe? ¿Qué partes le brindan consuelo en sus dificultades?

  • Estudie Alma 7:11–13, 2 Nefi 9:21 y la definición de “Gracia” en la Guía para el Estudio de las Escrituras. ¿De qué manera el aprender acerca del Salvador y Su expiación es una bendición en su vida? ¿Qué hará para buscar más plenamente al Salvador en su vida?

  • Considere los principios que se enseñan en los himnos siguientes: “Venid a Cristo” (Himnos, nro. 60); “Cuán dulce la ley de Dios” (Himnos, nro. 66); “Oh dulce, grata oración” (Himnos, nro. 178).

Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación

Cónyuges y familias

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