5. Ten cuidado de ti mismo

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oigan” (1 Timoteo 4:16).

Aceptar que no podemos controlar a nuestros seres queridos ni sanarlos

Nuestros seres queridos que se encuentran atrapados suelen tomar decisiones equivocadas y es posible que sufran consecuencias graves. Resulta difícil ser testigo de eso y sentirse incapaz de impedirlo. Quizás creamos que la situación no mejorará a menos que intervengamos para resolverla. Es posible que intentemos persuadir, razonar, negociar, castigar, manipular o avergonzar a nuestros seres queridos para conseguir que se recuperen. Esas acciones pueden resultar eficaces durante un tiempo pero, en definitiva, no son suficientes. De las experiencias vividas aprendemos que intentar controlar a los demás solo sirve para crear un ambiente de tensión, miedo y resentimiento. El élder Richard G. Scott nos aconsejó: “No traten de anular el albedrío de la persona; el Señor mismo no lo haría. La obediencia forzada no trae bendiciones” (véase “Ayuden al ser querido que les necesita”, Liahona, julio de 1988, pág. 59).

Es natural que deseemos que nuestros seres queridos experimenten el poder sanador de Jesucristo y que nos esforcemos por ayudarlos de todas las formas posibles. Sin embargo, es importante que entendamos que no podemos salvarlos. Si intentamos salvarlos de las consecuencias de sus malas decisiones, estamos intentando, equivocadamente, usurpar la función de nuestro Salvador y Redentor. De hecho, es posible que parte de nuestros esfuerzos e intenciones en beneficio de nuestros seres queridos retrasen su regreso al Salvador. Para que el Señor pueda sanarlos, tienen que ejercer fe y obedecer Sus mandamientos; no podemos hacerlo por ellos. El Salvador pregunta: “… ¿no os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?” (3 Nefi 9:13). Todas las personas deben decidir por sí mismas si desean venir al Salvador. En el caso de una persona con dificultades, ella es la única que puede decidir hacer lo que sea necesario para recuperarse.

  • ¿De qué forma podemos evitar que el deseo de apoyar a un ser querido se convierta en un intento de anular el albedrío?

Centrarnos en nuestra sanación

Quizás una de nuestras principales motivaciones para pedir ayuda sea entender mejor cómo podemos ayudar a nuestros seres queridos. Quizás creamos o esperemos que la recuperación de nuestros seres queridos conduzca a nuestra propia sanación. El momento en que nos damos cuenta de que lo que debemos hacer es centrarnos en nuestra propia sanación constituye un punto decisivo crucial. Eso no significa que dejemos de apoyar a nuestros seres queridos o de desear su recuperación, sino más bien que nos damos cuenta de que la paz y la sanación personales son nuestra principal prioridad. Las decisiones de nuestros seres queridos no interfieren en nuestro camino hacia el Salvador. El Señor nos invita a todos a venir a Él, sean cuales sean nuestras circunstancias: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30).

  • ¿Cómo se centrará en su paz y sanación personales?

Cuidar de nosotros mismos

Un aspecto importante de nuestra sanación es dedicar tiempo a encontrar el equilibrio y a cuidar de nosotros mismos. Si no tenemos cuidado, podemos llegar a permitir que las decisiones de nuestros seres queridos, así como otros problemas relacionados con ellas, nos consuman o nos lleven a dejar de lado nuestro bienestar personal. El Señor nos pide que seamos “moderados en todas las cosas” (Alma 7:23) y que no “[corramos] más aprisa de lo que [nuestras] fuerzas [nos] permitan” (Mosíah 4:27). Es importante que nos aseguremos de cubrir nuestras propias necesidades. Eso nos permitirá prestar un mejor apoyo a nuestros seres queridos y a otras personas que nos rodean. La hermana Neill F. Marriot enseñó: “Edificamos el Reino cuando cuidamos de los demás. Sin embargo, a la primera hija de Dios que debemos edificar en el Evangelio restaurado es a nosotras mismas” (“¿Qué haremos?”,Liahona, mayo de 2016, pág. 10).

  • ¿Qué medidas concretas tomará para cuidarse física, emocional y espiritualmente?

  • ¿De qué manera el hecho de cuidarse mejor le permitirá ayudar a su ser querido?

Entender las conductas compulsivas

El aprender sobre las conductas compulsivas nos puede servir para entender mejor las decisiones de nuestros seres queridos. El Señor ha aconsejado: “Buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). Tenemos a nuestra disposición mucha información apropiada sobre lo que podemos hacer para ayudarnos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Una forma de encontrar respuestas consiste en escuchar las experiencias de los demás, que pueden servirnos para sentirnos apreciados y dejar de sentirnos tan solos. Además, hay muchos recursos relacionados con el Evangelio que pueden sernos útiles, incluso las Escrituras, las palabras de los profetas y de otros líderes de la Iglesia, el Programa para la recuperación de adicciones (addictionrecovery.lds.org), el sitio web Sobreponerse a la pornografía (Sobreponersealapornografía.org), artículos en LDS.org, discursos de la Semana de la educación en el campus de la Universidad Brigham Young y muchos otros materiales. Saber qué esperar en una situación relacionada con las conductas compulsivas puede permitirnos ayudar mejor tanto a nuestros seres queridos como a nosotros mismos.

  • ¿De qué manera le ha servido de ayuda el hecho de entender mejor?

Estudio del Evangelio

Conforme estudie los recursos que se enumeran a continuación, reflexione con espíritu de oración sobre cómo puede aplicar los principios que enseñan.

Jeremías 17:14 (El Señor nos sanará).

Mosíah 4:27 (Todas las cosas deben hacerse con prudencia y orden).

3 Nefi 9:13 (El Salvador nos sanará si nos volvemos a Él).

Doctrina y Convenios 88:119 (Estableced una casa de orden).

M. Russell Ballard, “El equilibrio en las exigencias de la vida”, Liahona, julio de 1987, págs. 12–14.

Donald L. Hallstrom, “En busca de una vida equilibrada”.

“Prioridades y equilibrio”, El matrimonio eterno, Manual para el alumno (Manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 2003), págs. 350–357.

 

Aprendizaje personal y aplicación

Las siguientes actividades tienen como objetivo mejorar el aprendizaje y la aplicación de esos principios. Lleve un diario que incluya sus pensamientos, sentimientos y perspectivas, así como sus planes para implementar lo que aprenda. Conforme vayan cambiando las necesidades y las circunstancias de su vida, el repetir estas actividades le brindará nuevas perspectivas.

  • Lea y medite sobre el discurso del élder M. Russell Ballard titulado “El equilibrio en las exigencias de la vida” y el discurso del élder Donald L. Hallstrom titulado “En busca de una vida equilibrada”. ¿Qué ha aprendido? En su opinión, ¿cuáles son los aspectos de su vida que están en equilibrio y cuáles no lo están? ¿De qué forma da prioridad a su sanación personal?

  • Tenga en cuenta toda la energía física, mental y emocional que ha dedicado a su ser querido. Lea Mosíah 4:27 y medite al respecto. ¿Tiene la impresión de estar haciendo “todas las cosas… con prudencia y orden” en relación con su ser querido y su conducta? Plantéese un plan de acción para asegurarse de mantener un equilibrio en su vida.

  • Estudie el capítulo “Prioridades y equilibrio” de El matrimonio eterno, Manual para el alumno, y medite al respecto. ¿Qué ha aprendido acerca del equilibrio y las prioridades? ¿Por qué es importante que intente sanarse a sí mismo? ¿Qué le ha impedido, o le está impidiendo, acudir al Salvador para ser sanado?

Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación

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