7. En todas las cosas dad gracias

“De cierto os digo, mis amigos, no temáis, consuélense vuestros corazones; sí, regocijaos para siempre, y en todas las cosas dad gracias” (D. y C. 98:1).

Superar el desaliento, el temor y la ira

La vida no siempre se presenta como esperamos. En ocasiones resulta fácil sentirse abrumado por el desánimo, el temor o la ira. Satanás se vale de esos sentimientos para atacarnos y llevarnos a criticarnos a nosotros mismos y a buscar defectos en los demás. Cuanto más nos centramos en las emociones negativas, más fuertes se tornan estas, hasta que llegan a dominar nuestros pensamientos, disminuyendo así nuestra capacidad de sentir el Espíritu y hallar felicidad. El proverbio “porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él [o ella]” (Proverbios 23:7) se aplica tanto a los pensamientos negativos como a los positivos. Meditar y expresar gratitud por las muchas maneras en las que somos bendecidos es una manera de contrarrestar las emociones negativas.

  • ¿Cómo podemos reconocer nuestras dificultades sin que estas lleguen a consumirnos?

Reconocer la mano de Dios en nuestra vida

En medio de la aflicción, puede resultarnos difícil ver todo lo bueno que hay a nuestro alrededor cuando nos sentimos abrumados por el pesar, pero tenemos muchos motivos para sentir agradecimiento. El presidente Henry B. Eyring dio el siguiente consejo a todo el que tiene dificultades para ver la mano de Dios cuando la vida no es fácil: “La clave… es recibir el Espíritu Santo como compañero. El Espíritu Santo es quien nos ayuda a reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros y es quien [nos] ayuda a… reconocer lo que Dios ha hecho… Esta noche y mañana por la noche, ruego que oren, mediten y pregunten: ‘¿Me envió Dios algún mensaje que era exclusivamente para mí? ¿Vi Su mano bendecir mi vida o la vida de mis hijos?’. Yo lo haré, y después encontraré la manera de preservar ese recuerdo para el día en que yo y mis seres queridos necesitemos recordar cuánto nos ama Dios y cuánto lo necesitamos” (véase “¡Oh recordad, recordad!”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 68–69).

Hay muchas tiernas misericordias que enriquecen nuestra vida y nos hacen saber que tenemos un Padre Celestial que nos ama y es consciente de nosotros de una manera muy personal. Cuando somos constantes y cada día dedicamos tiempo a meditar y registrar aquello por lo que estamos agradecidos, se hace más clara la evidencia de la mano de Dios en nuestra vida. Apreciamos más plenamente las muchas bendiciones que hemos recibido en el pasado y, además, buscamos y reconocemos las bendiciones que recibimos a diario, y nos regocijamos en ello. El élder Gerald N. Lund enseñó: “A veces… las bendiciones llegan de una manera inusual y en un momento tan preciso que, además de bendecirnos, cumplen con algo más, confirmando tan claramente la realidad de la existencia de Dios, que nos animan en los momentos de pruebas” (Divine Signatures: The Confirming Hand of God, 2010, pág. 28). En nuestro camino hacia la sanación, la gratitud muda el corazón y nos ayuda a experimentar gozo por medio de la bondad de Dios y el poder redentor de Jesucristo.

  • ¿De qué manera el hecho de ser consciente de sus bendiciones le ha ayudado a ver la mano de Dios en su vida?

  • ¿Qué más le ayuda a reconocer la mano de Dios en su vida?

Reconozcamos nuestros dones y talentos

Como hijos de Dios, hemos sido bendecidos con muchos dones espirituales. “Hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios. “A algunos les es dado uno y a otros otro, para que así todos se beneficien” (D. y C. 46:11–12). Es importante que reconozcamos los dones con los que hemos sido bendecidos y que sintamos gratitud por ellos. Procurar el desarrollo de nuestros dones y talentos puede brindarnos satisfacción, crecimiento y un cambio positivo en nuestra vida. El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó: “Tal vez piensen que no tienen talentos, pero esa es una suposición falsa, ya que todos tenemos dones y talentos, cada uno de nosotros” (“La felicidad es su legado”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 119). Puede que nos requiera tiempo y esfuerzo descubrir y seguir desarrollando los dones que hemos recibido, pero todos tenemos mucho que aportar por medio de las capacidades que nos ha concedido Dios.

  • ¿Cuáles son algunos de sus dones y talentos? ¿Qué puede hacer para seguir desarrollando esos dones y talentos?

  • ¿Cómo le ayuda su bendición patriarcal a determinar cuáles son sus dones y talentos? 

Hallar lo bueno que hay en nuestros seres queridos

Además de reconocer nuestros propios dones y sentir gratitud por ellos, es esencial que reconozcamos los aspectos divinos que hay en los demás, especialmente en nuestra familia. Aquello en lo que más nos centramos en nuestras relaciones determinará en gran medida lo que sintamos por una persona. En esos momentos, tal vez nos cueste imaginarnos cómo serían nuestros seres queridos sin sus pecados, sin embargo, una parte importante de nuestro proceso de sanar consiste en ver más allá de sus malas decisiones y descubrir quiénes son ellos en realidad: hijos e hijas amados de Dios. A pesar de las difíciles situaciones en las que nos encontramos, podemos tomar la decisión de sentir gratitud por los buenos atributos y hechos de nuestros seres queridos. Si nos esforzamos por escuchar y observar con la inspiración del Santo Espíritu, veremos el potencial divino de cada uno, incluso de aquellos que nos hieren. Nuestra relación puede mejorar y nuestros seres queridos pueden experimentar una mayor esperanza cuando tomamos la decisión de reconocer los aspectos positivos que veamos en los demás y sentirnos agradecidos por ello. 

  • ¿Qué le ayuda a ver lo bueno en su ser querido?

  • ¿Qué diferencia supone para su relación el buscar lo bueno?

Expresar gratitud por el Salvador y Su Expiación

Por encima de todo, estamos agradecidos por el Salvador y Su Expiación. Él ha estado a nuestro lado, caminando con nosotros tanto en los buenos tiempos como en los malos. Todo lo bueno de nuestra vida es una bendición del Salvador. Isaías lo expresó así: “Dios es mi salvación; confiaré y no temeré, porque mi fortaleza y mi canción es JAH, Jehová, quien ha sido salvación para mí” (Isaías 12:2). Al meditar acerca de las muchas bendiciones que tenemos, nuestra gratitud puede llegar a ser como la de Amón: “… he aquí, mi gozo es completo; sí, mi corazón rebosa de gozo, y me regocijaré en mi Dios. Sí, yo sé que nada soy; en cuanto a mi fuerza, soy débil; por tanto, no me jactaré de mí mismo, sino que me gloriaré en mi Dios, porque con su fuerza puedo hacer todas las cosas; sí, he aquí… [alabaré] su nombre para siempre jamás” (Alma 26:11–12). Nuestra gratitud por el Salvador nos inspira a ser un poco mejores, a amar un poco más y a ser más como Cristo.

  • ¿Cómo se siente con respecto al Salvador? ¿Cómo le ha bendecido Su Expiación?

  • ¿De qué manera puede demostrar su gratitud al Salvador?

Estudio del Evangelio

Conforme estudie los recursos que se enumeran a continuación, reflexione con espíritu de oración sobre cómo puede aplicar los principios que enseñan. 

Doctrina y Convenios 59:7, 21 (Se nos manda dar gracias al Señor en todas las cosas).

Doctrina y Convenios 78:19 (Somos bendecidos al recibir todo con agradecimiento).

Moisés 5:10–12 (Adán y Eva respondieron con agradecimiento ante sus dificultades).

Henry B. Eyring, “¡Oh recordad, recordad!”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 66–69.

Thomas S. Monson, “El divino don de la gratitud”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 87–90.

Bonnie D. Parkin, “Gratitud: Un sendero hacia la felicidad”, Liahona, mayo de 2007, págs. 34–36.

Richard G. Scott, “Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad”, Liahona, mayo de 2004, págs. 100–102.

Dieter F. Uchtdorf, “Agradecidos en cualquier circunstancia”, Liahona, mayo de 2014, págs. 70, 75–77

Videos: “Gratitud diaria”, “El espíritu de acción de gracias”.

Aprendizaje y aplicación personal

Las siguientes actividades tienen como objetivo mejorar el aprendizaje y la aplicación de estos principios. Lleve un diario que incluya sus pensamientos, sentimientos y perspectivas, así como sus planes para implementar lo que aprenda. Conforme vayan cambiando las necesidades y las circunstancias de su vida, el repetir estas actividades le brindará nuevas perspectivas.

  • Lea el discurso del presidente Henry B. Eyring titulado “¡Oh recordad, recordad!”, medite al respecto y busque maneras de reconocer la mano de Dios en su vida. Reflexione cada día sobre esta pregunta: “¿He visto hoy la mano de Dios extendiéndose para tocarnos a nosotros, a nuestros hijos o a nuestra familia?”. Registre sus pensamientos.

  • Piense en una prueba o dificultad que esté viviendo en este momento. Estudie y medite acerca de la imagen de Adán y Eva, en el Libro de obras de arte del Evangelio, 2009, nro. 5), y lea Moisés 5:10–12. ¿Qué le impresiona de cómo reaccionaron ante la adversidad? ¿Qué aprende de su ejemplo?

  • Vea los videos “Gratitud diaria” y “El espíritu de acción de gracias”, y reflexione sobre lo que enseñan acerca de la gratitud. Lea la siguiente afirmación del presidente Thomas S. Monson: “El expresar gratitud es cortés y honorable; el actuar con gratitud es generoso y noble; pero el vivir siempre con gratitud en el corazón es tocar el cielo” (“El divino don de la gratitud”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 90). ¿Cómo puede demostrar más gratitud?

  • ¿Por qué es importante hacerlo? ¿Qué bendiciones se reciben al sentir y expresar gratitud? Lea Doctrina y Convenios 78:19 y medite en dicho pasaje. Lea el relato de la “cesta de bendiciones” en el discurso titulado “Gratitud: Un sendero hacia la felicidad”, de la hermana Bonnie D. Parkin, y anote las bendiciones por las que se siente agradecido. Comparta sus sentimientos acerca de esta experiencia con un amigo o un ser querido.

  • Lea el discurso del élder Richard G. Scott titulado “Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad”, medite al respecto y busque los patrones que él sugiere para vivir con más esperanza y buscar lo bueno en un mundo repleto de maldad. ¿Cómo puede utilizar lo que ha aprendido para ayudarle a apreciar más plenamente lo bueno en su vida?

  • Lea su bendición patriarcal, medite al respecto y busque dones y talentos específicos que nuestro Padre Celestial le haya otorgado. Si aún no hubiera recibido su bendición patriarcal, considere reunirse con su obispo y prepararse para obtenerla.

  • Considere los principios que se hallan en estos himnos: “Cuenta tus bendiciones” (Himnos, nro. 57); “¡Oh, está todo bien!” (Himnos, nro. 17); Now We Thank We All Our God” (Hymns, nro. 95); “Savior, Redeemer of My Soul” Hymns, nro. 112); “Tú me has dado muchas bendiciones, Dios” (Himnos, nro. 137).

Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación

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